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Lo afirmó Pablo Fioca, secretario del establecimiento del barrio de Valentín Alsina, que hace cien años abrió sus puertas para brindarle a la comunidad un espacio cultural y de contención social

El secretario de la Biblioteca Sarmiento, junto al afiche que promocionó la ilustre visita al lugar, del doctor René Favaloro

Por Carlos Cortés


El reloj marca las tres de la tarde. Sin demorarse, Pablo Fioca abre las puertas de la biblioteca como acostumbra, de lunes a viernes, desde hace ya más de un año, cuando los directivos le ofrecieron formar parte de la secretaría.

Él, al igual que la mayoría de los integrantes de la comisión, es vecino del barrio y pasó muchas tardes de su niñez dentro del edificio, rodeado de libros y anécdotas que atesora en su memoria.

Los comienzos

Durante la primera década del siglo XX, Valentín Alsina (un pueblo fundado en 1875 que pasaría a ser ciudad en 1968) contaba con una población, mayoritariamente, perteneciente a la clase obrera, que carecía de espacios culturales y recreativos.

Ante esta situación, algunos habitantes tomaron la decisión, en primera instancia, de fundar el 7 de mayo de 1914 la Sociedad de Fomento y Defensa Vecinal de Valentín Alsina, y en marzo de 1918, se creó la Biblioteca Popular Sarmiento, un espacio cuyo fin era “la educación y elevación moral e intelectual de sus asociados y pueblo de Valentín Alsina”, como declara su acta fundacional.

En enero de 1946, ambas instituciones se funden en lo que hoy se conoce como Sociedad de Fomento y Biblioteca Popular Sarmiento, ubicada en la avenida Presidente Perón 3065.

La actualidad

A cien años de su fundación, la biblioteca tiene alrededor de 27.000 libros en su haber, y más de 500 socios. Éstos últimos (que abonan una cuota mensual de 50 pesos) cuentan con la posibilidad de retirar un máximo de tres libros durante 21 días, así como también talleres gratuitos o descuentos en sus aranceles.

Además, desde 1983 dispone de su propio observatorio astronómico que posee un telescopio alemán ubicado en el último piso del lugar, con el que Osvaldo Calvo (ex integrante de la comisión directiva) daba los primeros cursos de astronomía. Al ya mencionado se le suman los de: dibujo, yoga, canto, guitarra, folklore para adultos, inglés, italiano, lectura para niños, entre otros cuyos destinatarios son niños, adolescentes, adultos y jubilados. Por eso, Fioca, resaltó su importancia y aclaró que “funciona como un espacio de encuentro y sociabilización, no sólo es un lugar donde venir a leer”.

En el segundo piso se ubica el escenario, con capacidad para 200 espectadores que deseen presenciar obras de teatro, conferencias, charlas y distintos eventos que convocan a la participación de personalidades reconocidas de nuestra cultura. Entre ellos podemos encontrar a Pedro Saborido, Ariel Scher, Alejandro Wall, pero sin dudas el más memorable de sus visitantes fue el doctor René Favaloro, que en la década del setenta dijo presente y aún hoy se puede visualizar uno de los afiches enmarcados que conmemora su participación.

El momento de ajuste

Pero este recinto no escapa a la situación económica actual, ya que hubo una baja sensible en la convocatoria de asistentes, a los que se les dificultaba abonar los importes de cada actividad, por eso tomaron la decisión de brindar becas.

Para obtenerlas primero “se llena una planilla que luego evalúa la comisión y varía entre el 50 o 100% del total en caso de ser aprobadas”, agregó Fioca que resalta la importancia de que muchos de los que dictan estos cursos lo hacen de manera “voluntaria y ad-honorem; algunos son vecinos que quieren dar una mano”.

Para solventar los gastos que demanda el pago de impuestos, sueldos a empleados, mantenimiento edilicio, etc., la biblioteca cuenta con subsidios mensuales y anuales por parte de los estados municipales, provinciales y de la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares. Si bien los mismos son de vital importancia “no alcanzan y están desactualizados.

En 2015 pagábamos de gas 32 pesos y hoy 1800; de luz 800 y en la actualidad más de 9000”, enfatizó el secretario que destaca, sobre el cierre, la contribución de la comunidad para el sostén de uno de los espacios culturales más influyentes del barrio perteneciente a Lanús.

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