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Oriunda de Chivilcoy, a los 27 años Samantha San Romé se presta a una mañana de febrero para hablar de su flamante libro, y pensar entre otros temas al amor, el tiempo y las marcas de la infancia.


"En las redes veo algo democratizador", dice Samantha


Por Santiago Giorello


Comunicadora social egresada en la UBA, dice que el estudio la ayudó para sistematizar el ocio de la escritura. Sentada en una de las infinitas sillas del café Tortoni, dialoga con Coemu Digital con tono pausado y reflexivo. Adhiere a la afirmación que hace Hebe Uhart cuando dice: “no hay escritores, sino personas que escriben”, y se pregunta: “¿Cuándo empieza a ser uno escritor? Hay muchas personas que escriben y hacen de la escritura su vida y no publican un libro o no son reconocidos”.

En diciembre presentó Permanente (Editorial Árbol Gordo), su primer obra literaria donde la infancia y el psicoanálisis tienen un papel central. De eso se centró la entrevista, la cual disparó varios rumbos.

¿Qué función tiene la escritura?

Comunicar y hacer sentir algo. En toda comunicación se envía un mensaje, se recibe y se crea un mensaje nuevo: una identificación que sea útil para el otro. Sirve o debe servir para ayudar a pensar y comprender qué estamos haciendo acá. No creo que lo que está bien o mal sea un parámetro en un texto. Cuando me gusta un libro prefiero decir que es lindo. ¿Quién dice qué está bien o que está mal?. 

En mi caso no tengo una escritura compleja. A su vez, como lectora, le esquivo a los escritores que ganan premios, quizá es una cuestión ideológica.

He leído tu idea de escolarizar la creatividad. ¿A qué te referis?

La escuela muchas veces nos limita. Para el discurso escolar, hay materias importantes y materias secundarias. Por ejemplo, hay pocos espacios de talleres de arte o escritura, y si existen, son extracurriculares. Una se forma creyendo que todo lo que puede hacer en el campo del arte tiene que estar ligado al ocio. Creo que tiene que ver con un interés del sistema capitalista, convienen personas con pensamientos cerrados, y no aquellas que sean sensibles. Eso te lo da el campo del arte, desarrolla tu parte emocional.

¿Qué podrías decir de este recorrido en comunicación devenido en literatura?

Después de haber terminado comunicación, veo la conexión con la literatura. Cuando empecé, era para entrar a una carrera universitaria y hacer lo más parecido a lo que me gustaba. Como no hay una escuela que enseñe a escribir, estudié comunicación. Lo que me aportó fue la lectura y el pensamiento, pero podría decir que cualquier formación aporta a la escritura. Uno escribe para pensar más, hacerse nuevas preguntas.

Dedicatorias en su libro "Permanente"

 ¿Cómo ves la tensión de los libros con la tecnología?

Observo que surge algo importante con las redes sociales, no soy reacia a mirar cada cosa nueva. Son otras formas de textualidad, no es ni mejor o peor que el libro. Veo algo democratizador en hacer conocer los textos. Antes un escritor iba a una editorial con su manuscrito, hoy cambia el paradigma y ven referencias en un blog.

Es difícil pensar las redes sociales porque son contemporáneas a nosotros. Están pasando ahora. El libro es el libro, pero en lo virtual también hay algo que se instala y no desaparece.

¿Seguimos confiando en el papel?

Sigo confiando en el papel, pero también me pregunto si esa confianza es porque lo tenemos arraigado. ¿Tengo la obligación de decir que el libro es la mejor opción? No lo sé.  A mí me gusta porque nací con el papel... lo leo en el subte, en mi cama.

Me parece que son las dos cosas, libro y redes no son una oposición. Al fin y al cabo, la función de un libro es que sea leído. Después el cómo, no me importa. Por otro lado, en mi caso no vivo de la escritura, pero cuando uno lo considera un trabajo, rompe un pacto con la tarea que hace.

Leí que desde chica cambiabas las frases de tus canciones...

Aprendí a escribir creando, modificaba las canciones (ríe). Me di cuenta que esa acción inocente escondía algo importante. Que una canción haga escribir un texto nuevo, quiere decir que desde chica se comprende que el texto suena, no solamente se lee. Después entendí que eso servía para escribir.

¿Cómo llegaste a Permanente?

Tenía algunos relatos que habían surgido de una idea transversal: cómo se constituye un sujeto y la importancia de la infancia, con una base de psicoanálisis. Le busqué una salida por la literatura.

Desde la infancia podemos ver como se constituye el amor, los vínculos, las primeras imágenes de la muerte... donde uno es libre, y luego de grande comienza a reprimirse. A su vez hice un taller de encuentros con Juan Solá, y ahí surgió uno de los cuentos que habla de dos hermanas, y pensé en la mía. Juan dio como disparador que hablemos de los ojos de alguien, enseguida pensé en ella porque es una mirada paralela a la mía. Construí el relato desde la voz de una niña y a Juan le gustó. Así fui ordenando Permanente, que no tenía orden ni conexión, ni título… surgió de ese cuento.

Si me preguntan qué es lo permanente, creo que es el amor.



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"Nunca imaginé tener un público. Ni un lector ideal. Lo lindo de que alguien te lea es la identificación y eso que vos construiste con la escritura sea apropiado, descubrir algo que al otro le sirva."

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Contanos del taller de escritura que coordinaste

Es un espacio horizontal donde se escribe y se lee. Sólo propongo y doy disparadores. Como si después de esta charla surgieran cosas para escribir. Digo taller porque hay que buscar un marco, pero para mí son encuentros que me gustan mucho. Hay experiencias muy lindas, los textos que salen, o cuando alguien va y siente que pudo decir algo que no podía decir.

Clarice Lispector decía que la palabra tiene un límite: todo es un gran misterio y no puede ser abarcado por el lenguaje. Concluir un texto, tiene que ver con cerrar el sentido, con nombrar ese misterio.

¿Y el futuro?

Entre marzo y abril publicaré un libro de poemas: “Ojalá el tiempo no fuera una prisión” (Editorial El ojo del Mármol). El tiempo es una jaula, en todos los sentidos. Toda la vida prepararse para envejecer, trabajar para construirse una vejez, ¡Es horrible!.

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Varieté

Samantha mira fijo y sonríe, demuestra interés y por momentos se pone en papel de entrevistadora. Sobre el final de la charla se propuso una dinámica: reflexionar a partir de fragmentos escritos por ella. Este fue el resultado:

“Cada persona es un conflicto”

Es un quilombo ser una persona, el pensarse. En relación a esta idea del amor, la pienso como la persona enamorada que entra en conflicto. Es una persona dando excusas, diciendo que es otra cosa: “Esta no soy yo”, “Estoy actuando así porque estoy enamorada”. Como si nos convirtiéramos.

“El mundo somos nosotros”

Lo pienso como el no delegar responsabilidades, cuando uno dice “hay que cambiar el mundo”. Pero el mundo somos nosotros. Como si hubiera algo que no fuéramos nosotros. Como si el tiempo, el mundo o Dios fueran personas. Uno tiene sus creencias, pero en sí se cuestiona la idea de delegar el futuro a un destino.

“Quisiera creer en Dios pero...”

Considero que la fe es un regalo, y que perdí en las siete casas que tuve, porque fue un regalo de la infancia. Heredé la fe y después la perdí. Ahora no tengo una religión, pero si me gusta escuchar a la gente religiosa, cómo hacen fáciles algunas cosas.

Creo que hay religiosidad en muchos actos que no tienen que ver con la religión en sí. Me interesa verlo desde el análisis para utilizarlo en la literatura. Así como alguien cree en Dios, yo creo en el lenguaje. Me gusta usar la religión o la religiosidad, como metáfora de otras creencias, incluso en nosotros, como creyentes de la humanidad. Todos tenemos creencias, si no, no podríamos seguir.

“Filosofía amorosa”

Me gusta usar la figura de Dios, pero en el sentido de alguien que nos está mirando. Tengo todo el tiempo esa sensación, de que alguien se burla de todo esto y no somos nada. Venimos acá un ratito, y nuestros problemas son fugaces, nos tomamos la vida demasiado en serio.

Tiene que ver con el conflicto de la persona enamorada que no se comprende, que dice cómo tiene que ser, quién se ama más, si está bien o no la fidelidad. Son cuestiones culturales, cuando el amor es súper simple y no se puede evitar. Es una capacidad nuestra, no se debe pensar tanto.

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Los cafés llegaron a su fin, y el café Tortoni sigue su día repleto de turistas y fotos con figuras inmortalizadas como Borges y Gardel. Samantha regresa a la rutina del subte, y piensa nuevas palabras que merecen ser escritas, pero fundamentalmente, leídas.




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