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En 1972, fue la fecha que Juan Domingo Perón volvió al país tras casi dos décadas de exilio. Compartimos una reflexión de una joven del Movimiento Evita que explica las sensaciones de militar por ideales. 

En encuentro de mujeres en Rosario

Por Julieta Gugliottella

"Sin nada a cambio" dijimos muchas veces sin reparar en la satisfacción, personal y colectiva, que produce poner alma, cuerpo y corazón en la causa de lxs más humildes, lxs últimxs de la fila.

Nos duele el hambre, nos indigna la falta de trabajo, nos llena de bronca la violencia policial, nos angustia la injusticia, el arrebato de derechos y reivindicaciones.

No siempre se nos entiende, incluso quienes se sienten orgullosxs no terminan de hacerlo cuando nuestras prioridades no son la salida con amigxs, las pastas de domingo con la familia, la cena con nuestra pareja, el goce del ocio o el compartir algo por fuera. Cuando no dormimos, no tenemos finde, vacaciones o nuestros planes se basan en los tiempos militantes. No se entiende, tampoco se puede transmitir del todo.


Lo elegimos. Resignamos tanto que a veces hasta nos quema, nos repensamos. Pero nunca podríamos hacer otra cosa, nunca nos volveríamos a casa. Una elección de vida que no tenemos más ganas de justificar o explicar. Nos pasa y lo hacemos carne.


Lo hacemos con alegría y tristeza. Con frutos y frustraciones. Con certezas y dudas. Con corazón y cabeza. Y en el camino nos equivocamos, le damos en la teca, tropezamos, nos levantamos y seguimos.

Lo que nunca hicimos fue dudar.

No podríamos nunca dejar de ser militantes, no podríamos jamar pensarnos individualmente.

No podríamos ser ajenos al sufrimiento del otrx y mucho menos no hacer nada por eso.


Se mueren nuestros líderes, pierden nuestras conducciones. Avanza la derecha, retroceden nuestros derechos. Aumenta el hambre, crece la desocupación. Y acá estamos, rompiéndonos cabeza y espalda pero con un montón a cambio: encender la chispa para la revolución de nuestro pueblo.

Cuando el fuego crezca quieren estar allí, dijo el Indio, y lo decimos nosotrxs: militantes en cualquier coyuntura.

Y si los libros de historia no nos nombran, sepan que sólo nos alcanza con el recuerdo orgulloso de nuestrxs compañerxs.

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