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Una vez al mes, la Junta de Estudios Históricos de Parque Chas se reúne en pos de un objetivo que los obsesiona: la restitución de la categoría de barrio, retirada de forma arbitraria, aunque no es su única preocupación


 "Parque Chas era reconocido como un barrio independiente"


Por Nicolás Moretti



Parque Chas tiene la fama de ser uno de los barrios más misteriosos de la Ciudad de Buenos Aires. Veremos de qué se trata este título. El enigma no reside en historias fantasmagóricas, ni en casas embrujadas ni en pasajes malditos donde penan almas que no encuentran descanso. Para nada. Es más, si de descansar la vista se trata, no hay como el barrio de las calles en rotonda con nombres de capitales y ciudades europeas: construcciones edilicias de tres pisos de altura como límite, abundantes espacios verdes, casas bajas, algo muy parecido al silencio y una tranquilidad que no parece porteña.



Pero estábamos en el misterio, o si quieren, en aquello que hace de Parque Chas un lugar exótico, eso que ni su geografía, ni la traza de sus calles, ni los nombres de éstas, por más pintorescas que nos parezcan, pueden definir. Probemos entonces con su historia, su recorrido, las reivindicaciones que habitan en su interior y, en particular, con el trabajo de aquellos que se encargan de nutrirla y de contarla. 

Vamos por ella.



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Nico tiene la pelota, se frena, mira a quién dársela pero no hay nadie, por lo que decide seguir con una marca encima. Avanza en el campo, vuelve a detenerse. Su marcador cae en la trampa y sigue de largo como colectivo lleno. Solo frente al arco intenta un amague frente a un arquero que impone respeto. El engaño no surte efecto y el guardameta sigue estático. Nico, apurado y un poco nervioso, intenta buscar el segundo palo, lo ve, apunta. Falla.



Nuestro jugador es zurdo, juega con la 10 de su equipo en la espalda, pavada de responsabilidad. Pero no sabe de presiones, ni de herencias ni de lo que significa jugar con ese número en la camiseta. No todavía, suponemos. Y está muy bien que así sea: tanto Nico, al igual que sus compañeros y que sus rivales, tiene 8 años de edad.



La cancha de fútbol del Club Saber rebalsa de banderas con los colores verde y naranja colgadas en lo alto, de trapos que, por su confección y diseño, nada tienen que envidiarle a los que se ven en los estadios donde juegan los profesionales. La iluminación no es la de Wembley, unos de los focos titila, y le da al espectáculo un matiz amarronado. A los dos costados del campo, en el que se enfrentan la categoría 2008 del local y la del club Santos Lugares, hay un hormiguero de gente, todos sentados contra la pared: padres, abuelos, hermanos, pibes que van y vienen, entrenadores y suplentes. Apenas un pasito por delante y parado sobre la raya lateral, el juez del partido. Todos gritan o hablan fuerte y el bullicio es impactante, clásico clima de cualquier partido de fútbol infantil en algún club de barrio.



Es viernes a la tardecita. Este cronista tiene una reunión en el club pero llega antes de lo pactado, se anuncia y le piden unos minutos de gracia, lógicos por cierto. Decide usar la espera para acercarse a la cancha y ver el partido, de sorprendente buen nivel. Cada vez que el árbitro (de abdomen imponente) suena su silbato, éste retumba como un escopetazo, más pronunciado si se trata de un gol. Santos Lugares le gana al Saber 1 a 0, en mi presencia consigue el segundo tanto. Los chicos locales no se desesperan, su entrenador les pide paciencia, calma, buen trato de pelota y que no haya berrinches. Bien por él.



“Ya estamos, cuando tengas ganas podes venir”. Susana Borda, la presidenta del club que tan amablemente volvió a recibirme, viene a buscarme. Me había llamado de lejos pero, reconozco, estaba pendiente de la pelotita.

Doy la media vuelta para irme al salón del club. Luego de unos pasos, el silbatazo en continuado y unos gritos que no había escuchado en mis diez minutos de espectador: gol del Saber. Nico festeja su revancha.







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Corría enero de 1976. La Sala de Representantes elegidos por el Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires (que era gobernada por José Embrioni, intendente designado por la fatua, oscura, ruin, pero democrática administración de Isabel Perón) emite la ordenanza n° 32757/76 y materializa un pedido que llevaba décadas de parálisis burocrática: Parque Chas era reconocido como un barrio independiente, sin dependencia ni de Agronomía, ni de Villa Urquiza, los dos colosos que la flanqueaban y que se atribuían la potestad del barrio de las rotondas.



La felicidad duró lo que un suspiro. Seis meses después, bajo gobierno de la dictadura cívico-militar que tomó el poder el 24 de Marzo de aquel año, el intendente de facto de la Ciudad de Buenos Aires, el brigadier Osvaldo Cacciatore, publicó otra ordenanza, la n° 32912/76, que derogó sin ningún argumento sustentable la emitida en el mes de enero. Todo a fojas 0. Parque Chas volvía a ser un apéndice de Agronomía, barrio al que el documento firmado por Cacciatore le adjudicó la soberanía.



Alrededor de esta historia, y de muchas otras, se discute y se piensa los últimos viernes de cada mes en el salón de usos múltiples del Club Saber. La Junta de Estudios Históricos de Parque Chas, compuesta por María Isabel Pérez (que la preside), Oscar Mango, Norberto Perticone (poseedor de la técnica del clásico fileteado porteño) y demás vecinos del barrio, lleva adelante un profundo trabajo de recolección de datos, de fechas, de apellidos y de sucesos que le dan entidad a la lucha por la restitución histórica que Parque Chas protagoniza: la devolución de la categoría de barrio, quitada por la dictadura militar.



Durante sus 15 años de vida, la Junta de Estudios Históricos se puso a la cabeza de este reclamo histórico, en unión con otras instituciones del barrio como la Cooperadora de la Escuela Petronila Rodríguez. Es la encargada de organizar, entre otros eventos, la celebración por la creación del barrio que se conmemora cada 29 de Septiembre (fecha elegida como fundacional, por aquel día de 1925 en el que el Concejo Deliberante porteño autorizó el trazado original de sus calles).



También elevó un petitorio hacia la Legislatura porteña, luego convertido en proyecto de ley, en el que se solicita el reconocimiento a Parque Chas como un barrio porteño más, que si bien no fue aprobado en su totalidad (aunque las tratativas continúan) estableció que una de las principales estaciones de la línea B de subterráneos lleve el nombre del barrio: Los Incas, Parque Chas. Estación que, hasta hace muy poco, fuera una de las cabeceras del recorrido de esa línea.



La Junta de Estudios Históricos supone un compromiso encomiable de cada uno de sus integrantes que, como todos, tienen sus obligaciones, sus familias y sus preocupaciones. Todo queda a un lado cuando se trata de juntarse, de debatir sobre cómo continuar la lucha por la restitución, de discutir la veracidad de alguna anécdota o de hablar sobre la situación del Saber, cuya Presidenta, Susana Borda, es otro miembro infaltable de cada reunión.



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La historia del barrio es muy extensa y no la desarrollaremos aquí. Si quieren conocer más sobre ella y sobre las numerosas curiosidades del barrio que fundó Vicente Chas (ver recuadro), ya lo saben: el último viernes de cada mes, a eso de las 19hs, dénse una vuelta por el Saber y, cafecito de por medio, conozcan ese sentimiento que se llama Parque Chas.





Me fui sin saber el resultado del partido entre el Saber y el club del barrio de Sábato. Cuando terminé mi fabuloso encuentro con la Junta, el encuentro había terminado hacía rato. Yéndome, decidí regresar algún otro día y volver a vivir esos encuentros intensos, familiares y llenos de liturgia que son los partidos de baby fútbol en un club de barrio. Después les cuento.

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