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La mirada sociológica del surgimiento, la importancia y la persecución del arte comunitario fluyó en la entrevista con la Magister en Cooperación Internacional, Leticia Marrone, quien desmitificó los estereotipos sobre la inmigración 

 
"Se trata de espacios donde además de explayarte, podés encontrarte con otros a quienes le pasa las mismas cosas y generar otro tipo de lazos y vinculaciones"

                                                                                                          Por Nelson Santacruz

Tuvimos un mano a mano con la socióloga y Magister en Cooperación Internacional, Leticia Marrone. Junto a la egresada de la Universidad La Sapienza de Roma, nos permitimos jugar brevemente con los roces políticos, migratorios y sociales que tiene nuestra cultura.
 

¿En qué momento tuvieron auge los espacios culturales en nuestro país? ¿Por qué?
 

Todas las expresiones artísticas comunitarias tuvieron una fuerte consolidación en plenas crisis estructurales en la Argentina, donde surgen este tipo de experiencias. Están fundadas en la necesidad de juntarse con otros y ver qué se hace juntos, ante la situación dramática pensando en salidas de a muchos que serian más fácil que pensarlas individualmente.
 

Éstas eran las tendencias a las que nos querían llevar las políticas neoliberales, donde se imponía que el desarrollo personal tenía que ver con cuestiones de mérito propio. Es decir, si yo trabajo, estudio y me esfuerzo me iba a ir  bien mas allá de como vaya el contexto del país o lo que le pase a un vecino. Eso quedó muy instalado en los años 90’ y la crisis del 2001 fue una prueba concreta de que las salidas o son colectivas o no sale nada. Por ejemplo, se reflejó con las empresas recuperadas donde ante la pérdida de un trabajo se pensaron salidas en conjunto. Cómo se trató que la fábrica quebrada vuelva a producir. ¿A qué voy con esto? A que se vio en todos los ámbitos. Claramente a nivel artístico también influyó.
 

¿Qué importancia tiene este tipo de proyectos artísticos en un barrio?
 

Lo destacado es que para poder ser parte y crear no necesariamente tenés que ser una persona con cualidades artísticas. Estos son espacios donde el vecino del barrio también tiene su sensibilidad artística como la de todos y lo canaliza. A veces no sabemos dónde expresarla y lugares como el Circuito son espacios donde además de explayarte, que seguramente es más saludable que otros, podés encontrarte con otros a quienes le pasa las mismas cosas y generar otro tipo de lazos y vinculaciones. En un momento tan desgarrador como lo fue el 2001 era necesario pensar con un otro.
 

¿Existe alguna similitud con esas políticas neoliberales?
 

Lentamente estamos encaminándonos a quiebres parecidos, a cierta afinidad lejana con lo que pasaba en ese entonces. Ya se empieza a ver de nuevo que tenemos encuentros para hacer frente a diferentes medidas como la ola de despidos, el tarifazo, la represión murguera, etc. Son bastante incipientes aún pero son rasgos típicos del neoliberalismo.
 

Pero el trabajo de generar cohesión social a nivel barrial, que es el primer espacio donde uno transita todos los días, es una función muy importante que tienen los diferentes puntos culturales, como el Circuito Cultural Barracas, MateMurga, el Teatro Catalinas Sur y otros en todo el país.
 

¿Cómo se despliegan estos espacios culturales en el resto del país?
 

Es valorable la vinculación que hay a nivel nacional a través de la Red de Teatros Comunitarios, que nuclea a todos los espacios teatrales o la Red de Cultura Viva Comunitaria como espacios que permiten trabajar desde lo muy concreto y territorial en el barrio a también compartir experiencias con lugares que quizá están viviendo situaciones similares.
 

Es nutritivo lo que hizo ya hace más de dos años la Red de Arte Comunitario a nivel latinoamericano. Para esto no hay fronteras nacionales pues las problemáticas que tenemos nosotros a lo mejor en Bolivia también la padecen. Éste tipos de redes permiten por un lado generar espacios de integración a nivel regional, poner experiencias en común y en comparación. Por otro lado,  un reclamo constante de este tipo de proyectos, lo constituye un aporte del presupuesto para cultura este destinado al arte comunitario. Una cosa es que lo pida un solo centro cultural en Argentina, otra que sea un pedido nacional pero también latinoamericano, eso le da una solidez y fuerza política mucho mayor.
 

Nuestra cultura se nutre fundamentalmente de inmigrantes. ¿Qué análisis tiene de la inmigración como fenómeno que nos conforma socioculturalmente?
 

A nivel de inmigración tenemos la responsabilidad de desmitificar algunos matices. Por un lado inmigración limítrofe siempre hubo en Argentina. A nivel mediático se hace mucho énfasis de que vienen a sacarnos el trabajo, robar, a obtener planes sociales, etc. Todas estas cuestiones negativas sobre la migración también se pueden desmentir porque nunca hubo tan bajo índice de inmigración como en estos últimos años.
 

Cuando hablábamos de las inmigraciones europeas, se llegó a veces a hasta un 35% de migrantes y ahora creo que hay un 2% o 3% nada más. Otra cosa que me llama la atención es cómo perdemos la mirada de pensarnos como un pueblo conformado por inmigrantes. ¿Cuál es el apellido de cada uno? ¿De dónde vienen? Desgraciadamente si no se invierte en políticas y formación en cómo pensar en un mundo para vivir mejor, no se revierten esas situaciones. Son procesos que hay que trabajarlos desde la escuela y las casas.
 

¿Usted está de acuerdo con que se desarrolla una persecución a lo cultural? ¿Por qué?
 

Sí. Es fundamental en la Argentina el rol que tienen los espacios como los Centros Culturales o Universidades populares como la de Avellaneda porque son espacios donde se puede construir de algún modo una cohesión social diferente a la que estamos acostumbrados a ver en los medios. El Circuito Cultural Barracas y los diferentes espacios similares son lugares de resistencia. Donde se trabaja en la construcción del día a día para generar otro tipo de conciencia y un punto de encuentro y debates, que es todo lo contrario a las políticas fragmentarias del neoliberalismo.
 

Aquel que opine de otra manera es visto como potencial generador de conflictos y por eso son reprimidos. En ese sentido, tiene que ver con el doble discurso, sobre todo en este gobierno. Por un lado te abro una convocatoria a nivel nacional en el Ministerio de Cultura y por otro te reprimo. Lo que quieren es lograr una desfragmentación social porque si cada uno está en su pequeño lugarcito, mucho no va a poder reclamar ni actuar.

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