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El clima reinante en el espacio teatral Silencio de Negras, ubicado en el barrio de Monserrat, al ingresar, se asemeja mucho a un cumpleaños  donde los anfitriones invitan a los espectadores frente a una gélida jornada dominical a calentarse con un café o un vino tinto acompañado de algunos muffins. 

El trío de actores de la pieza teatral

Por Javier Erlij

De pronto se empiezan a escuchar de una habitación vecina los acordes de una dulce canción en inglés, cortina de por medio. Pasada las 20 hs, se descorre la tela y  se invita a sentarse en una acogedora sala, donde los concurrentes van a unos bancos rodeando a los intérpretes que están ya en escena.

Cada uno de los actores mira a los ojos a las veinticinco personas que rodean, la melodía no se detiene, la iluminación en pequeñas ristras de luces blancas tenues sumada a la guitarreada, da un clima de calidez estilo fogón de despedida de viaje de egresados. La escenografía consta de unos antiguos espejos y de un televisor pequeño encendido en blanco y negro.

La trama: una pareja se distancia, luego vuelve a reunirse, la mujer regresa a la casa de su ex marido para verlo como estaba, contarle de su nueva familia, ya ahora con una mujer y una hija. Hay algunos reproches, pero más que todo los afectos y el amor están presentes entre el duo protagónico. La tercera en disputa está siempre presente en escena como una especie de referí entre el binomio.

Juan Tupac Soler, actor que deslumbra

En cincuenta minutos transcurre la acción con sólidas interpretaciones, una excelente dirección que cuenta esta historia sobre el amor, más allá de los sexos, y que empieza por el amor a uno mismo parafraseando a Erich Frôm.

La dirección está a cargo de Sergio Albornoz y las actuaciones a cargo de Florencia Quintana, Juan Tupac Soler, que ya nos ha deslumbrado también  con su trabajo en "Mi hijo camina un poco más lento", y de Sharon Luscher. Se puede ver los domingos a las 20 hs en la sala Silencio de Negras, ubicado en Luis Saenz Peña 663.

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