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Daniel Reynoso, actual jefe de tráfico de la línea H de subterráneos, contó cómo fue su experiencia en la conducción del ferrocarril que más tarde sería conocido como “el tren cartonero”


"El traslado de los cartoneros fue el reflejo de una época dura"

Por Rocío Sorni



El llamado “Tren Blanco” debió su nombre al color de los vagones y fue un servicio prestado por la empresa Trenes de Buenos Aires desde el 2001 hasta que cesó de funcionar con el cierre de los ramales Mitre, Sarmiento y Roca en el lapso de los años 2006-2008.


Su particularidad era que las formaciones no poseían asientos, para que los cartoneros que llegaron a ser entre 600 y 1000 diariamente (parte de un fenómeno que se acrecentó a partir de la crisis económica de 2001 en el país) pudieran trasladarse en ellos a cambio de un abono quincenal o mensual y poner sus carretas con materiales que recolectaban por toda la ciudad.


Sin embargo en los años 90 y hasta que ocupó su actual puesto,  antes de este <<fenómeno blanco>>, Daniel Reynoso conducía el tren de la línea Mitre (que iba desde Retiro hasta José León Suárez) en el que pudo observar la gestación de esta problemática social.


“Ya en ese tiempo veíamos al pasar como las villas se iban asentando alrededor del recorrido del tren, cuestión que hasta ahora podemos ver y en mayor crecimiento todavía. Lo que yo observé era el principio de algo que hoy está prácticamente <<sobre>> las vías y no <<al costado>> de ellas, como era antes”, y agregó: “había muchísimo movimiento de cartoneros que en ese entonces tenían el apodo de  <<cirujas>> porque en ese momento no estaba formada la figura esta que después se oficializó. Traían cartones en paquetitos que después se convirtieron en changuitos de supermercado o carritos”.


Pero esos carritos, a los que al principio nadie les prestaba atención, tuvieron distintas evoluciones hasta convertirse en grandes carros en los que se apilaba todo como un “rompecabezas” que demoraban los trenes de pasajeros a la hora de entrar con ellos en los furgones, además de que se notaba el incremento de personas que se dedicaban a la actividad.


Los demás pasajeros se quejaban porque no sólo ocupaban el furgón si no que luego se trasladaron a los otros sectores del tren, además de que los cartoneros mismos se quejaban porque muchas veces, como eran gran cantidad, varios quedaban en el andén sin subir porque este marchaba por las demoras que ellos producían.


“Supongo que alguien de la villa se habrá acercado a negociar por el tema del tren blanco. Había trenes Toshiba y unos ingleses viejos  que eran de madera, de ese color. Parece que se usaron esos, les pusieron un transporte que en esa época fue el precursor del que vino en el 2000, aunque el servicio en ese entonces no estaba desarmado o sin asientos como después. Cuando podíamos lo hacíamos traer y subían todos ellos. Yo llegue a manejar esos trenes que fueron el <<embrión>>”, comentó el trabajador ferroviario.


Luego de que el servicio del tren blanco cesara, algunos de los cartoneros tuvieron la oportunidad de utilizar camiones acoplados de la empresa TBA para trasladar sus “cosechas” hacia los distintos centros de reciclaje, pero ahora ya no están en uso, por lo que deben valerse de sus propios medios.


Algunos consiguieron otro trabajo, otros desviaron su forma de ganar algo de dinero, y quizás necesiten como antes el transporte, que ya desde antes de su aparición hacía falta y que fue imprescindible para ellos, tal como lo muestra un documental de la época “El tren blanco” de los directores Ramiro García, Sheila Pérez Giménez y Nahuel García, como una forma para sustentar su vida.


El fenómeno observado por Daniel Reynoso como conductor del tren y quizá por muchos otros desde los 90 todavía tiene su huella en la vida actual, cada vez que se observan las desigualdades sociales existentes al cruzarse con un “ciruja” buscando ganarse la vida en nuestros barrios.

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