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La artista tucumana Lelia Sosa habló de sus inicios, su recorrido  por el escenario de Cosquín y de su labor en un centro de inclusión social

"Quiero, deseo grabar un disco de tango"

Por Marta Flores

“En Aguilares, durante  los amaneceres se mira a  los cerros con el sol por detrás  y en invierno se ven sus puntas bañadas con nieve. Dos ingenios azucareros  dan  la bienvenida en cada entrada de la ciudad. Allí se empezaron a hacer los primeros corsos y se celebra la Fiesta de la Caña de azúcar”. Así describe Lelia Sosa a su pago tucumano que la vió crecer.

Parte de la escuela primaria tuvo que cursarla en  Buenos Aires por el trabajo de su  padre. Concurría a una  escuela pública  de Lanús donde tuvo clases de teatro con Leonor Manso. “Ella fue la que descubrió mis dotes de cantora”, recuerda. A los 11 años su profesora  la eligió para interpretar a una madre jujeña que cantaba una vidala en una obra que trataba sobre el éxodo jujeño y que representaron en el teatro San Martín. 

Volvió  a su terruño a cursar el secundario donde casi  todos sus compañeros tocaban la guitarra.  “Allí descubrí lo que era el folklore, antes me parecía aburrido”, reconoce. Al principio cantaba con sus compañeros en el colegio, luego su  padre, integrante de la comisión del barrio, le pidió que cantara en la  fiesta del día de la madre allí la vió el intendente quien la invitó a  participar de  la selección para el   Festival de la Zafra. Resultó elegida pero no  pudo cantar en el festival por que se quedó disfónica, el hecho de no  tener técnica y los nervios le jugaron una mala pasada. Tuvo su revancha,  porque después participó en diferentes concursos que ganó y le permitieron participar de los festivales  así hasta llegar a Cosquín en 1984 y ganar el premio Revelación. Se radicó definitivamente en Buenos Aires, traída por el sello CBS para grabar su primer LP es en ese momento que comienza a tomar clases de canto.

¿Cómo es el proceso para llegar a cantar en un festival tan importante como es el de Cosquín?

Está el Pre-Cosquín donde se elige una voz masculina y una femenina en  varios rubros y por  sub-sedes, te lo dijo porque fui Delegada de Cosquín en Capital Federal. Llevè artistas jóvenes, nuevos valores, como Esteban Riera que ganó como Revelación. Se califica no solamente porque se canta bien. Uno puede cantar y no desafinar pero decir muy poco. Se busca ver  el compromiso del intérprete con el autor. Si bien no somos actores, hay que tratar de expresar con la voz lo que el autor quiso decir.  Se ve también el desenvolvimiento en el escenario, si tiene ángel, la presencia. Después los ganadores de cada sub-sede participan en  Cosquín hasta que queda un  ganador  en cada rubro que pasa al festival mayor.  De los artistas seleccionados en el Pre-cosquín sale el Premio Revelación y de los artistas consagrados sale el Premio Consagración.

¿Qué significó Julio Mahárbiz en su carrera?

Fue una persona que me cuidó mucho. Trabajé cinco años con él. Hice mi último Cosquín en el 2001 que fue también el último año que él trabajó en el festival. Comencé a trabajar con él por medio de su mujer  Mabel Ongaro, que había escuchado mi disco y así llegué a trabajar en Argentinísima, haciendo giras.  Él cuidaba a los artistas, hacía hincapié en los grandes valores. No dejaba afuera de  Cosquín a Eduardo Falú, a Ariel Ramirez, a Los Chalchaleros, a Los Fronterizos. Julio  siempre les daba un lugar  a los  maestros que nos trazaron el camino.  

¿Colaboró en eventos solidarios?

Si , como no. Lo sigo haciendo. Por ejemplo en Tucumán el año pasado hubo una gran inundación, se cayeron puentes, fue de terror. Yo estaba de vacaciones allí así  que me la pasé cantando a beneficio en donde hiciera falta. También aquí en Buenos Aires cuando me piden colaboración, lo hago. Además siempre estoy vinculada a lo social porque trabajo con gente en situación de calle.

¿Cómo es esa tarea social que desarrolla?

Hace ocho años que soy  operadora social en el Centro de Inclusión Social Costanera Sur en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires donde se alojan personas solas o familias enteras que están a la espera de un subsidio habitacional.  Tenemos un recreorólogo que se encarga de hacer jugar a los chicos de lunes a viernes y el fin de semana está la Fundación Sí  que lleva algunos profesores que enseñan manualidades o  algún médico para dar una charla, siempre se organiza alguna actividad.  De junio a agosto trabajamos con el Operativo Frío donde se abran paradores para que la gente no quede en la calle. Nos encargamos de todo, de sus comidas, de sus tratamiento médicos y principalmente de escucharlos.

¿Qué le queda pendiente en su carrera?

Hacer un disco de tangos.  Estaba grabando uno pero lamentablemente mi amigo,  con el que lo estábamos armando,  falleció. Tengo  algunas bases musicales y repertorios preparados. Así que queda la promesa que lo tengo que hacer. 
Una vez acabada la entrevista, Lelia comentó que ese día iba a hacer una suplencia como conductora radial en el programa de uno de sus amigos en la radio de Mi País y que también se está preparando para comenzar sus clases de canto el mes siguiente. Una artista multifacética, dueña de una voz cálida y expresiva que busca ser el canal de los autores y logra  emocionar.

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