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Desde COEMU, continuamos con el debate que iniciamos sobre los desafíos que enfrenta nuestra profesión. En esta oportunidad, la periodista del centenario matutino platense, argumentó que “en tiempos en que los distintos canales de comunicación nos bombardean  simultáneamente, el desafío está en no perderse en ese mar de quimeras difusas”

 "Una información indebidamente chequeada puede provocar grandes injusticias y serias consecuencias"
                                                                                                                                                                                                                                                                              * Por Laura Rómoli



Dicen que en la disciplina del karate a los aprendices les enseñan, antes que a pegar, a no hacerlo. Les inculcan la concepción de la no violencia, antes de explicarles cómo partirle a alguien el pescuezo. De alguna manera, les infunden la ética antes de entregarles el arma, el cómo antes de enseñarles el qué. En el periodismo nuestra arma es la palabra y la información, un bien tan preciado que es equiparable al dinero, y que constantemente deja los límites de la buena práctica entre la espada y la pared.



Los periodistas vivimos de hacer preguntas. Creo que lo que define al buen periodista es el acto de preguntarse a sí mismo cada día cómo hace su trabajo. Y en tiempos en los que los distintos canales de comunicación nos bombardean  simultáneamente, el desafío está en no perderse en ese mar de quimeras difusas. Remarcar que nunca –pero nunca- los periodistas somos las estrellas ni protagonistas de ninguna situación es necesario. El respeto por el off, el resguardo de la vida privada de todas las personas y la consulta y chequeo de los datos son nuestro deber y responsabilidad cotidianos.


Un periodista consciente de su trabajo es aquel que asume que una información indebidamente chequeada puede provocar grandes injusticias y serias consecuencias en la vida de las personas involucradas. Por eso, los procedimientos correctos, la prudencia y la ecuanimidad son los objetivos que debemos perseguir, son los que nos llevan a la credibilidad, que no es otra cosa que el bien más preciado para un periodista.


Esto porque la palabra no es otra cosa que un arma, y la necesitan por igual la mentira y la verdad. Y la necesitamos nosotros para contar lo que vemos, pues sabemos que el lector o la audiencia confía en nosotros. No somos perfectos, somos humanos, somos ciudadanos iguales a todos. Pero debemos perseguir cada día la ley de la buena práctica y aspirar a hacer lo que nos gusta lo mejor posible, cada día un poco más, cada día mejor. Un buen periodista es el que pone en ese norte su rumbo todos los días.



* Periodista de la Sección Política del Diario "El Día", de La Plata

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