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Adelina Dematti de Alaye, en contextos jodidos, se empezó a juntar con otras pares que buscaban a sus hijos y creó la asociación Madres de Playa de Mayo. También formó parte de los inicios de la Asamblea Por los Derechos Humanos La Plata. Puso el cuerpo y sus ideas hasta el día de ayer, con un legado que forjó generaciones de luchas. 

Foto: Kaloian


Por Santiago Giorello

A sus 88 años se la veía siempre en las calles, con alegría y sonrisa esperanzadora por un presente en permanente tensión. Sufrió la pérdida de seres queridos pero nunca tomó la bandera de la venganza, más bien depositó sus energías en tareas periodísticas, con pasión militante: en su casa juntó décadas de trabajo y los donó al archivo general de la provincia. 

Adelina Dematti de Alaye fue docente durante gran parte de su vida, pero la coyuntura le cambió la historia en la década del 70. "Quién se acerca a una organización de derechos humanos no lo hace para ser careta, sino que lo siente en las entrañas y lo llevará en el alma toda su vida", supo decir en un documental que protagonizó cuando se cumplieron 30 años de la fundación de la APDH, la cual Adelina formó parte. 

Esa entidad, junto a otros espacios, en 1998 creó los Juicios por la Verdad. Cientos de personas se acercaron a los Tribunales de La Plata para contar lo que había pasado en la dictadura, que se pudieron plasmar en juicios a partir de 2005. Ahí, Adelina contó su historia por primera vez ante el Estado: su hijo militaba en Montoneros y una patota de civil se lo llevó en 1977: "Ese día, salía del supermercado y me tropecé en la calle. Yo creo que fue una señal", dijo al respecto.




Desde ahí, parió otra madre, quién llegó a ser declarada Doctorada Honoris Causas por la Universidad Nacional de La Plata, llevó adelante la lucha por la memoria, la verdad y la justicia. Sin formar parte de los mercados de la palabra, comandó con compañeras un trabajo minucioso para decirle a la justicia lo que pasó con las tumbas NN en el cementerio de La Plata y la complicidad civil. 

Entre ayer y hoy cientos de personas se acercaron al Rectorado de la UNLP para despedirla.  Una especie de velorio popular, donde funcionarios, vecinos, familiares, estudiantes y organizaciones dijeron presente. "Sin duda es la madre de todas las madres", se escuchó. 

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