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Existe una coincidencia generalizada en que desde 2001 no se producía una concentración de la comunidad universitaria como la del pasado 12 de mayo, en defensa del presupuesto universitario, que no se reduce solamente al aumento salarial si no que va más allá. OPINIÓN


Marcha del jueves. Foto de Luis García

En la primera oportunidad todos movilizamos ante el recorte en los salarios docentes de un 15% y el peligro de reducción de las partidas de proyectos y programas, que finalmente sucedió y se notó en el año 2002 con la falta de subsidios.

El enfrentamiento entre sectores mayoritarios de los universitarios y el actual gobierno no es solo salarial sino también ideológico, se esgrimen diferentes ideas sobre la educación superior en el país y por la implicancia que ella tiene en su desarrollo.

Dentro de los integrantes de esta comunidad universitaria, existen diferencias sobre el desarrollo universitario; las mismas se explicitan entre los gremios docentes, las federaciones estudiantiles y hacia el interior de las casas de estudios superiores; pero algo los unió, el peligro de perder un sistema de educación superior único en el continente.

Este sistema permite y permitió en los últimos 98 años que se produjeran cambios y transformaciones en la región, que no serían posibles sin una universidad libre, pública y gratuita.

Libre por su naturaleza política en donde se encuentran expresadas todas las fracciones y se discute el futuro de cada una, a partir del uso de la autonomía y autarquía de la que se goza. Porque permite elegir qué estudiar y en dónde.

Pública por su participación indiscutible en los territorios donde asientan sus sedes y las funciones de investigación y extensión, que permanentemente está observando a la sociedad e involucrándose en sus problemáticas, al tiempo que genera respuestas. Base que la diferencia de las demás universidades del continente.

Gratuita porque libra de arancelamientos en el grado a todos y en todo el territorio.

Co-gobernada por la implicancia de todos sus claustros en la elección de autoridades, direccionamientos políticos y generación de políticas públicas.

La foto de la semana en la multitudinaria marcha

Todo sistema es perfectible y el que nos ocupa, no escapa a esa regla; es tan cierto como que cristaliza el modelo en donde el resto de los latinoamericanos, que pretenden una universidad libre, se remiten a la hora de pensarla.

Las universidades públicas nacionales siempre interactuaron en la vida política de nuestro país, con aciertos contundentes, marcando errores y enfrentando decisiones que fueron en contra del interés nacional y regional; forman profesionales y científicos, varios de los cuales en las épocas oscuras de nuestra historia, se transformaron en mártires. Soportaron que un ministro de economía que rifó el capital social los enviara a lavar los platos y que otro pensara que eran un gasto y no una inversión.

Coincidimos en que la última década fue de crecimiento y reivindicaciones, lo cual generó una desmovilización dentro de las Universidades, y llevó la militancia al territorio de todos sus claustros. Programas científicos, de investigación y generación de conocimientos, que se sostenían con un presupuesto adecuado. Derechos adquiridos indiscutibles.

La movilización demostró que el poder de reacción y movilización en defensa de su autonomía y autarquía, está intacta, y que, como hace 98 años, se mantendrá de pie ante cualquier intento de avasallamiento de sus derechos.


Pdta. Esta nota no incluye números ni estadísticas que a la hora de hablar de derechos pueden confundir a los lectores. 

Jorge Orlando Castro
Docente Universitario y Director de la Carrera de Periodismo UNDAV 

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