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Las pérdidas humanas en Costa Salguero y las de las turistas en Montañita (Ecuador) son algunos de los ejemplos posibles que podemos encontrar en los principales matutinos empresariales en Argentina, como disparador para poder pensar los abordajes y tratamientos de la información.

Nota de ayer de Diario Clarín

Por Santiago Giorello *

En el cierre del verano, la noticia en Ecuador ocupó las tapas de los principales matutinos (Clarín, La Nación y Perfil) como tema de agenda. Dos jóvenes - estudiantes - mendocinas - turistas fueron asesinadas. Una funcionaria fue sacada del cargo por culpar a las víctimas de lo sucedido. El caso aún no está resuelto.

Sin embargo, tal como afirman funcionarios e investigadores, en Argentina muere una mujer cada 30 horas. En su mayoría, por conflictos domésticos y en sectores populares. Las coberturas sobre estas situaciones escasean en los diarios, y en varios casos se vinculan a “crímenes pasionales”, o en casos que atraviesan a personas famosas, vinculadas a problemas de salud, a "brotes psicóticos".

Drogas clasistas

“La droga mata a los pobres como a las personas normales”, dijo la Vicepresidenta Gabriela Micetti este fin de semana. En la frontera discursiva se esconde una cadena equivalencial que dispone que lo normal es estudiar y trabajar, como un requerimiento sine qua non, y no producto de las dinámicas sociales, económicas, políticas y culturales que generan desigualdad. Es que esos otros lejanos y estigmatizados, se lo merecen. En términos abstractos, se podrían pensar estas categorías:


Lo normal  - trabajar - estudiar - ser buena persona - disfrute y goce en eventos masivos

Los pobres - no trabajar - no estudiar - paco - delincuencia 

No basto con el poder político, el poder mediático construye sentidos a través de los perfiles de las víctimas, y de los testimonios de su entorno. Si es normal, se humaniza. Si es pobre, o responde a ciertos patrones de vestimenta, es producto de la delincuencia. En términos del sociólogo Mario Margulis: "Juventud es un significante complejo que contiene en su intimidad las múltiples modalidades que llevan a procesar socialmente la condición de edad, tomando en cuenta la diferenciación social, la inserción en la familia y en otras instituciones, el género, el barrio o la micro cultura grupal."

Por eso se entiende que no hay una sola juventud, como los medios representan de igual manera a las diversas juventudes. Este mes en Kenia murieron al menos 147 estudiantes de una universidad, que fueron menos en la jerarquización que los atentados en París o en Bruselas. Así tampoco fue lo mismo -en términos de inocencia- Candela, que "provocaba con sus fotos", como Lola Chomnalez, asesinada brutalmente en Uruguay. 

En el plano del derecho penal, son sentenciados un 90% de pobres en las cárceles del país (Informes Comisión por la Memoria), hay una cobertura mediática que lo ampara. Pararse desde el plano de los derechos es clave para las y los periodistas que buscan formar mejores personas, y no lucrar con la noticia. Por lo menos, disputar la igualdad en el abordaje, más allá de su condición social. 

Hay una neutralidad que aparentan las coberturas, pero que en el fondo no remiten más que a una cuestión clasista y genérica. Los jóvenes de la fiesta electrónica trabajaban y estudiaban, las chicas de Mendoza también respondían a los patrones de legalidad: tenían sueños, ilusiones, esperanzas y horizontes de buen futuro. 

(*) Docente e investigador. Universidad Nacional de Avellaneda

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