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En tiempos de Estado pantalla, la comunicación audiovisual juega un rol clave en la construcción de sentidos. Las luchas estigmatizadas y la necesidad de nuevas coberturas que escapen a la lógica de los dos demonios. 

Ministra de Seguridad Bullrich en el programa de Pamela David


La idea de cortar el flujo financiero a través de una manifestación callejera es el último recurso de aquellos sectores organizados que ven vulnerados sus derechos. En los albores de los procesos neoliberales, más precisamente en 1996, emergió el primer "piquete" en la ciudad neuquina de Cutral Có, tras los despidos de los trabajadores de YPF y Gas del Estado. Las puebladas fueron la respuesta de visualización ante el ajuste gubernamental. 

"¿Por qué tenemos que sufrir tanto, por qué tenemos que llegar a esto?" se pregunta un manifestante en un documental que refleja esa primera expresión de resistencia patagónica, con barricadas y ollas populares. 

Cinco años después de esa gesta, eclipsó ese modelo parido con la dictadura cívico - militar en 1976, que proponía una teoría del sálvese quién pueda en las decisiones económicas. Tensionar y estigmatizar sindicatos y diversas formas colectivas de lucha, fueron claves para que trabajadoras y trabajadores se vean aislados, fragmentados, desprotegidos. 

De esta manera, se produjeron realidades que implican una relación desigual entre jefes y laburantes, ya que imponen situaciones de trabajo sin posibilidad de resistencia, ante un reclamo por exceso de horas, condiciones indignas o vulneraciones cotidianas, deviene desempleo. Lo que se denomina en términos de Marx en "Ejércitos de Reserva", donde -en términos sintetizados- el excedente laboral provocado por el capitalismo se encuentra a la espera de cualquiera oportunidad y genera rivalidad entre pares, mientras los jefes controlan desde arriba. En otros términos, si te rebelas, detrás tuyo hay cientos que quieren tu lugar.

"Incidentes", denominó C5N
En estas coyunturas, vemos que ante estos escenarios algunos sectores, con la ayuda de medios de comunicación empresariales, estigmatizan a quienes llevan adelante procesos de lucha por dignidad laboral y seguridad social. Un término en disputa constante por su cadena equivalencial, ya que para los noticieros dominantes la seguridad se reduce a la posesión por la propiedad privada y a una supuesta igualdad de oportunidades para lograr salir al campo laboral.

Esta forma de nominar anula las complejidades de la historia y exime a los poderes fácticos de responsabilidad. De esta manera se resignifican teorías de los dos demonios, como si una foto simplifica el conflicto, con dos sectores en supuesta igualdad de condiciones. Pero en este caso es el Estado, apoyado en la corporación judicial, quién sale a buscar a esos que reclaman, en clara alineación a los sectores patronales.


La avícola Cresta Roja entró en quiebra y los trabajadores hace meses reclaman por su futuro. Hoy tomó estado público por las coberturas en Ezeiza. "Gendarmería avanzó y desalojó", tituló el Diario Clarín en la jornada de hoy, y desvió la culpabilidad a sectores "infiltrados" vinculados a gremialistas y políticos opositores al gobierno. A su vez, se encargó de minimizar los reclamos para poner el foco en los automovilistas que no llegaban a sus horizontes laborales. Una combinación ideal para la reflexión espontánea, pero que escapa las complejidades de un sistema que, como dijo alguna vez algún comunicador, le dice desde arriba a los del medio, que los de abajo tienen la culpa. 

@santigiorello



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