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La Coordinadora del Movimiento Antidiscriminatorio de Liberación (MAL) e impulsora del cupo trans bonaererense fue apuñalada en la jornada de ayer. La periodista Julieta Gugliottella reflexiona, grita y reclama en el marco de un contexto de violencia de género que no cesa.



Por nacer con un cuerpo con el que no se sintió cómoda, por decidir ser otra, por trans, por luchar su identidad, por gritar fuerte, por ganar la pelea, por ser reconocida, por lograrlo. Por haber sido pobre, morocha y prostituta. Por militante, escritora y compañera. Asesinada.

Por ser adolescente con pollera corta, por salir a buscar trabajo muy maquillada, por no vivir "como Dios manda". Por andar sola y de noche. Por haber tenido varios novios. Por el escote y lo platinado que se dejó el pelo. Asesinada.


Por vivir de madrugada, por los excesos y boliches. Por tener relaciones sexuales cuando se le daba la gana. Por haber dejado la escuela y juntarse en la esquina con los pibes. Por las calzas ajustadas y la remera corta. Por rebelde, por irse largos días de caravana. Asesinada.

Por rehén de los negocios narcotraficantes mal hechos. Por venganza y advertencia. Por caminar por las calles de tierra de su barrio. Por ser "el mensaje" de los piratas del asfalto. Porque los medios de comunicación se babosearon hasta el final. Asesinada.

Por cansarse y animarse. Por atreverse a pisar una comisaría. Por decir BASTA y denunciarlo. Por dejarlo sin que él estuviera de acuerdo. Por la medida de restricción. Por creer que tenía derecho a ser feliz sin él. Asesinada.

Por engañarlo, por haber mandado un mensaje, por esconderle a su amante. Por no quererlo suficiente. Por haber estado con otro. Por no haber estado con él y sólo con él hasta el fin de los tiempos. Asesinada.

Por opinar, disentir, elevar la voz, cambiar, salir. Por luchar.
Por maquillarse, por los escotes, los aros en el ombligo y los culos ajustados.

Por caminar, por pasar frente a él, por no tener un pene entre las piernas.
Por quererlo y por dejar de hacerlo.
Por no ser lo que él quiere.
Por salir de nuestras casas.
Por no estar revolviendo la sopa.
Porque la comida estaba fría.
Por decir algo que no le gusta.
Porque sí. Porque estaba aburrido y piensa que tiene derecho.

Por lo que sea: asesinadas.

O, simplemente, por ser Mujeres.

Basta de matarnos.

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