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En esta crónica inmigrantes colombianos buscan traer un pedazo de su tierra por 14 dólares por medio de un compatriota, que viaja dos veces por mes. Muchos de ellos pagan esta suma o más, con el objetivo de revivir la esencia que tanto los identifica o por una cuestión comercial, ya que tienen establecidos en el país sus propios locales.



Por María Fernanda Bolaños


La entrada y salida de personas es extremadamente constante en el Consulado de Colombia en Argentina, desde las 9 hasta las 13 la sala de espera no se queda sola, y las dos chicas que están en recepción procuran tener agilidad y orden con sus compatriotas.
En horas de la mañana la sala de espera del Consulado permanece congestionada, las personas cubren las enormes paredes blancas y adornadas con hermosas tonalidades que forman los paisajes colombianos,  en medio de murmullos se miran como si jugaran a identificar las ciudades de origen, ya que el acento delata a cualquiera y es imposible encajar a todos con una sola tonada.
En Colombia hay aproximadamente 11 acentos distintos, como: los Paisas (regiones cafeteras), los Costeños y Guajiros (regiones del caribe), los Cachacos (Bogotá), los Vallunos (Valle del Cauca), los Pastusos (Nariño), los Boyacos (Boyacá), los Santandereanos (Santander), los Llaneros (regiones de los Llanos Orientales), los Opita (Huila), los Chocoanos (Chocó), Amanazónico (regiones del Amazonas), resaltando de esta manera la gran pluralidad de razas y culturas que hay en un solo pais.
Una pasante de Bogotá Aiza Sutachan, de ojos grandes y muy atentos está junto a su compañera de cubículo, se encuentran en atención al usuario, dando información y soluciones ágiles a  constantes peticiones. A su vez, se encargan de enviar por e-mail boletines informativos a las personas interesadas en el Programa Colombia Nos Une, el cual brinda talleres de pintura, programas de teatro para niños, charlas de profesionales y eventos culturales -entre otros-, así mismo ofrece servicios y beneficios que contribuyen a elevar la calidad de vida de los Colombianos en el exterior, para fortalecer la comunidad y promover equipos de trabajo para el desarrollo de proyectos propios.
En el corto receso de Sutachan, con una taza de café en mano que dice “mi tierra querida”, comenta que es muy golosa y extraña el ‘mecato’. Sin embargo aclara que no por mucho tiempo se quedará con las ganas, porque su madre le envía una encomienda desde la capital de Colombia con Juan González, un colombiano de 28 años, que trabaja haciendo viajes dos veces por mes, desde su país hasta Argentina y así viceversa.
Aiza retoma su lugar de trabajo y continúa atendiendo a los usuarios con una sonrisa imborrable, no sin antes recomendar a Gonzales, que estaba por aterrizar en el aeropuerto de Ezeiza y posteriormente se dirigiría a un departamento en Belgrano, Capital Federal.
La llegada del ‘sabor’ colombiano a la Argentina
Juan Gonzales se maneja con sus clientes por medio de su IPhone 6, a quienes les entrega su paquete en un pequeño y acogedor departamento de dos mono ambientes, lleno de encomiendas que ocupan todo el living.
Los envíos están ordenados en bolsas, con un número y una guía específica, en varios se podía observar algunos ‘chochorramos’, es un pastelito rectangular cubierto con chocolate, ‘Pony malta’, ésta es una gaseosa compuesta fundamentalmente por malta caramelizada, ‘Choclitos’ (paquete de tortillas de maíz en rectángulos con sabor a limón y sal), ‘Chocolatinas Jet’, entre otros ‘mecatos’ que repetía en varios envíos.
Con esto y más viaja Gonzales 7 horas, para complacer a sus aproximados 150 clientes, entre ellos están: Adriana torres y su novio, los dos de 27 años, Ferley Flechas también junto a su novia, y Paula Gonzales de 21 años, junto a su amiga Juliana Gaitan. La mayoría de sus clientes trabajan y estudian a la vez, quienes aparte del ‘mecato’, traen celulares, computadoras, papeles legalizados, instrumentos musicales y su amado licor.

El Paisa (Medellín) Santiago Uribe de ojos grandes, pestañas arqueadas, con una altura de aproximadamente 1.90, de cabello castaño y barba prolija, entra muy curioso al departamento, saluda y se admira diciendo “parce, ahora si viajo con mucho ¡no!”, mientras revisa lo que le envió su familia.
Uribe cuenta que vive en Argentina hace tres años, y cuando llegó le dieron la peor bienvenida, porque en el taxi que viajaba le robaron sus dólares, pero le da gracias a la Virgen porque le ayudo en su llegada un amigo que tenía, con quien comparte un departamento. Santiago interrumpió la conversación y dijo: “me mandaron a la niña”. Ante el silencio, saca el ‘Aguardiente Antioqueño’ (una bebida alcohólica que su base principal es el Anís) el departamento se llena de risas, mientras abre y comparte un acopa a cada uno, dejando un fuerte picor en la garganta que se disfrazaba con risas.
Muchos tienen horas de viaje para llegar a ese pequeño departamento, el 1J, en busca de su pedacito de tierra colombiana que cuesta un 1 kilo 14 dólares. A comparación de los precios de cualquier empresa conocida Gonzales maneja un 60% menos, y todo lo hace dentro del marco legal.
Varios colombianos hacen viajar a su tierra por seis horas y media para llenar su alma teñida de amarillo, azul y rojo, claro está, los más vivos no dejan de hacer negocios y tienen a Gonzales como su auto de mercadería.
Una de ellos es Nataly Castro de 25 años, estudiante de diseño gráfico de la Universidad de Palermo, la cual vive en Argentina hace siete años. Ella envía y trae zapatos fabricados en Colombia,  porque le parece que la materia prima y la mano de obra es mucho más económica y la calidad es mejor. Cuando le llegan su mercancía, ella les hace crativos diseños y los pinta a mano, posteriormente los vende en su página de Facebook “TK diseños”.


La parte comercial y económica son personajes principales en la vida del Colombiano, ya que desde muy pequeños se les enseña a ganarse con esfuerzo el pan de cada día. Como lo dijo Nataly:  “Tomar en la vida un poco de pis y comer un poco de caca no es malo, siempre y cuando haya un objetivo por cumplir, no hay que dejar que todo se lo den los papitos, también uno tiene que trabajar”.
El amarillo, azul y rojo no solo se lleva, se siente
En las calles Argentinas transitan aproximadamente 80 mil colombianos residentes, a quienes se pueden identificar por su acento y el uso de palabras  como: ‘chévere’, ‘bacano’ (fenomenal) y los más típicos, ‘parce, marica, huevón’ (amigo), además la variedad de restaurantes de comida colombiana que se estableció con el tiempo durante los últimos siete años, en los que según la Dirección Nacional de Migraciones hubo un aumento significante de extranjeros en el país.

Los restaurantes o resto-bares ofrecen una exquisita gastronomía, algunos conocidos son: ‘Colombia Mia’, ‘Epa la Arepa’, ‘i Latina’, ‘Corronchos’, entre otros. Estos lugares brindan ambientes cálidos y acogedores, para aquellos que extrañan el sabor de su tierra o para quienes quieren conocerlo y disfrutar de comidas típicas como la ‘Bandeja Paisa’, la cual tiene arroz, frijol, carne picada, plátano, huevo frito, arepa, chorizo, plátano, chicharrón y palta. También pueden tomar un ‘sancocho’, que es una sopa con plátano, papa, pollo, carne, mazorca y cilantro, este último ingrediente compuesto por hojas pequeñas que le dan sabor a todas las sopas como al ‘Ajiaco’, que trae crema de leche, pollo y varias clases de papas, entre otros platos típicos.



Demostrar que Colombia es mucho más que corrupción, muerte, narcotráfico, y prostitución, no es una tarea fácil, pero si se puede lograr si cada extranjero da lo mejor de sí, muestra cuanto amor, respeto, orgullo y añoranza tiene por su tierra, acercando su patria a los demás y trasmitírsele toda su majestuosidad, por medio de la comida típica, el trago, las palabras, los dichos, las costumbres o tradiciones. Mostrar ese paraje que permite continuar siendo ajenos sin ser extraños en este país.


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