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Afianzar la localía: mecanismo esencial para extender la posibilidad  electoral. En busca de los votos perdidos. Cuáles son las jugadas estratégicas del PRO y sus dilemas.


Foto: terra.com

Por Leonel Pavón

Mauricio Macri construyó el domingo pasado un trampolín perfecto para consolidar sus chances de alcanzar la presidencia a nivel nacional. La Capital Federal era el escenario propicio para reforzar una apuesta que, de todos modos, no resultó tan arriesgada como parecía: la incertidumbre no estaba planteada en torno a la lucha del PRO contra los demás partidos, sino que se fundaba en dirimir si Horacio Rodríguez Larreta -el candidato que recibió el apoyo público de Macri-superaba a Gabriela Michetti en la interna.

Los resultados fueron más que óptimos para el candidato presidencial PRO: afianzaron su liderazgo dentro del partido y otorgaron cierto grado de legitimidad basado en la influencia que posee a la hora de direccionar el voto de sus militantes. Los festejos culminaron con la liturgia característica, oscilante entre globos amarillos y discursos que intentan traspolar la continuidad local en renovación nacional.

Pero lo cierto es que al oficialismo porteño le quedan por resolver incógnitas, coyunturales y estructurales a nivel región y país. Suponer la transferencia directa de los votos de la Senadora Michetti hacia Larreta, es suponer una linealidad inexistente en un contexto político cambiante y revoltoso, donde los candidatos de ECO, Martín “Lousteau”, y del FPV, Mariano Recalde, intentarán atraer y reconvertir sufragios de cara a las elecciones generales del 5 de julio. Con la suma de la fuerza PRO en aproximadamente 47% de los votos, aún es posible la aspiración a un ballotage, circunstancia no muy apropiada para el equipo que encabeza Macri: la sola posibilidad de pensar en perder la gobernación en la Ciudad implicaría el total derrumbe de su campaña al máximo cargo ejecutivo.
        
Las PASO presidenciales están cada vez más cerca y el “partido amarillo” pretende resolver su principal problema en términos  nacionales: el pacto con el sector Radical aún no logra el despliegue necesario para fortalecer la estructura partidaria. Algunos acuerdos de última hora en provincias como La Pampa y Tucumán son más forzados que voluntarios: no hay opción y el tiempo apremia.

El PRO consiguió el domingo una victoria desde su bastión más fiel, el cual no debe dejar escapar: es el punto central de campaña, desde allí afianza simbólicamente la posibilidad de repetir una victoria contundente en otras zonas del país. En los próximos meses el desafío consistirá en reforzar su débil esqueleto de alianzas regionales, aunque ello encierre conformar alianzas sin un hilo ideológico compartido. Es una estrategia recurrente, que se basa en maquillar las discusiones partidarias de fondo y en coincidir en las propuestas más abstractas, aquellas que se leen y escuchan en los numerosos slogans de las campañas publicitarias.     

    

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