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“Coger y contarlo”, obra del escritor y guionista porteño, es el eje de esta entrevista que brindó para COEMU Digital



Por Marina Juárez

A pesar del título y el protagonismo que tiene el sexo en todo el libro, la trama gira en torno a la relación de Laura y Santiago, dos jóvenes que se conocen un verano frente a la Laguna de Lobos y se vuelven inseparables.

Lo que podía ser una historia romántica Hollywoodense se transforma en una relación conflictiva llena de celos, infidelidades y violencia. Un bar de Avenida Corrientes y Rodríguez Peña es el elegido para el encuentro. Santiago llega y se sienta en una de las mesas del rincón, una especie de apartado con muchos espejos, similar a la habitación de un hotel alojamiento.

¿Cómo se te ocurrió el título?

¿Te digo la verdad? Se me ocurrió en un telo. Había una chica delante mío en cuatro patas y pensé “qué loco sería tener una máquina de escribir o una laptop y contar esto”.

Es un concepto que engloba todo el libro. No es solamente coger por el acto sexual, simboliza lo que le pasa al narrador de las historias con lo que escribe. Tiene que ver con involucrarse de manera más sanguínea con las cosas y la parte de contarlo corresponde más a la profesión que al protagonista, Santiago.

¿Crees que la gente siente pudor al hablar de sexo?

Algunos si y otros no. Cuando puse el título no tome real conciencia de lo fuerte que es la palabra coger. Aunque es súper natural para gente de mi edad, no pensé en lo fuerte que puede ser esa palabra en la tapa de un libro para una persona de 50 años. Supongo que hay pudor a partir de cierta edad.


En el libro decís que la identidad es lo que le sigue a tu nombre cuando te presentan en lo de Mirtha Legrand ¿Siempre quisiste ser escritor?

No, lo decidí a los 18 años. De todas formas, de chico escribía. Soy hijo único y pasé mucho tiempo solo. Tengo una capacidad de abstracción muy grande. Agarro personajes y armo historias, como cuando era chico y jugaba. Pero también quise ser millones de cosas: bombero, astronauta, carnicero, militar, quería ser Rambo. Ríe.

¿Qué hizo que te definieras?

¡Una mina! Yo era un desastre. Había dejado el colegio y la piba estudiaba en el Nacional de Buenos Aires. Esta leía mucho, era fanática de García Márquez. Me tenía ahí, de boludo. No me daba bola y pensé: “Si yo quiero enamorar a esta chica tengo que convertirme en lo que a ella le gusta”. Y acá estoy. No me dio bola igual.

Hay un boom que es “50 sombras de grey”. Todos se indignan pero mujeres y varones lo consumen: ¿A qué crees que se debe ese éxito?

Todo lo que tiene que ver con sexo genera cierto morbo. Pero lo que más me llama la atención es que la propuesta del libro no es algo nuevo. El tipo rico que agarra a una mina y la lleva a experimentar, me parece una idea machista. Seduce porque es un cuento de hadas, es ‘María la del Barrio’, el tipo rico que encara a una estudiante de periodismo. Hay algo del final feliz que todos queremos o consumimos. No tengo prejuicios por los Best Sellers, si me los regalan los leo. Todos soñamos que nos pase lo que leemos en esos libros.

¿Habrá una segunda versión del libro?

Por el momento no. Empecé a escribir una novela. Es en primera persona y empieza contando el primer beso que un tipo le da a una mujer que le gusta desde hace mucho. Comienza con esa escena. Después no sé qué pasará.






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