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Rafael Ton es un escritor platense que ha publicado trabajos literarios y deportivos, pero desde el punto de vista social. Hincha de Gimnasia y admirar de Eva Perón, reflexiona entre otros temas sobre el rol de los escritores y la formación en la Universidad, como así también sobre el rol de los medios de comunicación y la construcción de la figura del "barra brava" en el fútbol




En su casa una gran biblioteca con infinidad de productos gráficos, desde revistas a libros, desde videos a imágenes. Entre ellos se puede observar trabajos de su prontuario: el semanario Tribuna Gimnasista, la Revista Ginasiá y libros como "La Patria Gimnasista" y "Leyendas del bosque" se suman a otras publicaciones literarias que van más allá del deporte.
Admirador de Eduardo Galeano, se muestra reflexivo y con mensajes claros: la necesidad de pensar y analizar “ante la velocidad que propone el capitalismo”. A su vez hace eje en la crítica al sistema educativo, al rol docente y al peligro del entretenimiento en los sectores juveniles.

¿Cuándo decidiste que querías ser escritor? ¿Qué libros pensaste que no pueden faltar en tu biblioteca?
De chico mi madre y mis abuelos me mentían, me decían que era buen dibujante. Me fui dando cuenta que el dibujo no era lo mío. Siempre me gustó imaginar y relatar historias, películas, cuentos. No recuerdo una fecha o algo que marcara el punto de partida de “empezar a escribir” y menos de decir “soy escritor”.
En cuanto a los libros, creo que lo primordial es que en ninguna casa falte, aunque sea chica, una biblioteca. Y también una videoteca, donde haya historias que hagan pensar y soñar.
Libros que me gusta regalar: los de Eduardo Galeano, sin dudas. Mario Benedetti. Almafuerte. Tomás Eloy Martínez. Cuentos de Cortazar. Biografías. Saramago. Pero te estoy diciendo caprichosamente los que más disfruto, hay centenares y depende de los gustos del destinatario. Un libro, como dice Joaquín Sabina, es la oportunidad de dialogar con alguien de un siglo atrás.

¿Qué autores no dejas de leer aunque no coincidas con su forma de pensar o de expresarse?
Empiezo por el “otro” lado: el primero que me marcó fue un gran escritor platense: Álvaro Yunque. Escribía historias mayoritariamente de gente humilde, con un enfoque particular en los niños, en la infancia de los conventillos, las injusticias que reciben los más indefensos de todos que son los chicos con bajos recursos; los maltratos; trabajar cuando otros juegan, las hipocresías de las familias más pudientes. Un librazo para chicos: “Barcos de papel” con un cuento inolvidable, el de un maestro, un agrio maestro, que nadie quería, que todos los chicos se burlaban y que cuando cae muy enfermo, los obligan a ir a visitarlo y descubren dónde y cómo vive, un gran relato.
En cuanto a quienes leo pero no comparto su ideología, digamos lo contrario de éste caso, podría decirte: Silvina Ocampo, los cuentos de Silvina Ocampo me gustan muchísimo, los cuentos de Jorge Luis Borges son extraordinarios, te dejan laberintos en la cabeza que hacen que la imaginación, las dudas, se expandan.

Con respecto a la formación del escritor. ¿Crees que tiene que pasar por la Universidad?

Las ideas, la imaginación, las historias, están por todos lados, no hay una sola forma de “prepararse” para escribir o para pintar cuadros o para cocinar o para sacar fotografías. La universidad no es el único camino pero sí hay que preparase, llevar a cabo un esfuerzo sistemático, enriquecedor. Osvaldo Soriano, Eduardo Galeano, Alejandro Dolina, dejan lupas y caminos, con un talento que, creo, sale de las calles, de una forma de expresión que supieron cosechar, esculpir, seguramente desde siempre y esto más allá de los ámbitos académicos y las reglas. Lo que sí debe haber es una preparación, un esfuerzo. Más allá de la técnica me refiero. Leer mucho, aguzar el oído para percibir profundamente las historias, escuchar con atención, observar. Que el tiempo que se utiliza en hablar sea mucho menor del que se usa para escuchar y sea observar, analizar, procesar. Para contar historias hay que tratar de conocer muchos mundos de éste mundo, no de meterse en ellos para opinar, sino para nutrirse. Apuntalar el hábito de la lectura, del análisis de lo que dicen los medios y por qué, escuchar lo que dice la vecina y desmenuzar por qué.

Y desde el lado más político, ¿Qué medidas tomarías para que la gente lea más?

Creo que hay literatura para todos, pero que hay que ayudar a los chicos a que la encuentren. Harry Potter, libros sobre dinosaurios, sobre selvas, Fontanarrosa y cuentos de fútbol, Quino con Mafalda, Asterix y Obelix que, sacando los últimos números, es una historieta excelente. No hay que encasillar que si no leyeron “100 años de soledad” de García Márquez son burros o que si no saben el año en que nació Humberto Eco o el título de una de sus obras, no entienden nada. Hay chicos que le das una novela y no les gusta pero por ahí le das una entrevista, un ensayo o un cuento de fútbol y se interesan. Entonces abren una puerta que antes la veían como una imposición.

Hablas de los hijos y no puedo dejar de preguntarte por el rol del educador y la necesidad de la lectura..
La maestra que si tiene tiempo para mirar televisión basura en su casa y no busca estar orgullosa de sí misma, preparándose para ver cómo hace para impulsar a un horizonte más amplio, a ese pibito al que le tiene que dar clase día siguiente, es vergonzante. No quieren que la traten como un número, como una nota, afirman que las reglas del sistema la llevan a estar cansada de todo y entonces justifica el no estar obsesionada, en el sentido más sano de esta palabra, mejorando para enseñar mejor. ¿Como hará entonces para incentivar a un chico a que sea mejor, a que no haga de su vida un sentarse a ver televisión en lugar de leer, jugar con amigos, crear, estudiar?
Todo eso lleva a chicos que no leen, no analizan. Leer no es estar obligados a leer “Don Segundo Sombra” ni analizar se limita a sacar una ecuación.
Si realmente se buscara en cada chico, con afecto, con ganas, “el” libro que destrabe el miedo a no entender un libro a que no vean un libro como un gasto o una imposición, el mundo sería mejor.

¿Entonces? ¿Qué medidas tomarías al respecto?
Hay que instaurar tiempos en los colegios para que los chicos puedan ser escuchados, expresarse, no que vayan sólo a recibir datos y dar examen. Materias nuevas “análisis de film” que propongan debates. Y si el maestro sabe cómo son sus alumnos, qué les gusta, es más fácil acercarles el material que los lleve a ellos mismos a reflexionar, a leer, a investigar. Hay que replantearse el sistema educativo, como algo prioritario y en éste mundo, las prioridades pasan por otro lado, más allá de los discursos hipócritas: el entretenimiento masivo, aunque sea vano o nocivo, la venta de armas, el dinero que ganas con lo que haces, como única meta.
También pienso en crear espacios y derechos. Derechos para los que quieren bares sin imposición de televisiones en el medio y música a todo lo que da. Derechos para que los que trabajen tengan más tiempo para lectura. Premios para los mejores alumnos, los que más lean. Qué haya material y que se publicite. Bienvenido un libro que cuente la historia de “Los redonditos de Ricota” o historietas argentinas. Buscar que se puedan adquirir fácilmente libros que toquen temas de fútbol, como “El futbol a sol y a sombra” de Eduardo Galeano o alguno de rock. Biografías. Una ley para que la educación sea apoyada concretamente. Bajando los precios en: teatros, cines, estadios, bares que promuevan espectáculos con artistas argentinos, todo eso también es educación. Ayudar a los clubes que son quienes fomentan el deporte: nada más democrático que un club donde el socio puede ser abogado famoso o ayudante de albañil y tengan todos un mismo carnet y un mismo derecho.


Hablaste de los actores educativos y políticos, ahora bien, ¿Puede una sociedad vivir sin escritores?

No, obviamente que no. Necesitamos contar nuestra historia, nuestro paso, nuestro parecer. Un arquitecto, un pintor, un escritor, alguien creativo, conjuntamente con otras personas, porque nada lo hace uno solo, dejan algo para el futuro, ayudan en el presente y, obviamente, toman cosas del pasado.

Otro de los temas tiene que ver con la era digital que vivimos hace una década ¿Qué repercusión tiene en relación a la lectura?
Según mi opinión, es preferible una notebook a un televisor, nada es ideal, casi nada es puramente educativo o totalmente dañino. Eso sí, debo ser sincero, tengo cierto rechazo a los libros digitales, pero esto puede cambiar, quizás sea algo generacional.

Volvamos a Rafael Ton escritor. Luego de tus publicaciones ¿Qué tipos de lectores imaginas que te leen?
¡Gente poco exigente, eso es seguro! No escribo pensando en ir a un sector de lectores, lo que sí, disfruto contando historias de sectores populares. Me gusta contar historias reales, me encanta el tema de lo popular del fútbol, no sus “estrellas” deportivas, al contrario, el entorno, el contorno popular, la pasión humana. Dos de mis libros son dedicados a los hinchas, en un caso a hinchas e hinchadas y en el otro a la historia entrelazada con el club de Gimnasia y Esgrima La Plata. Club popular, decano de América. Rodeado de personajes populares. Que no quiere decir “barras bravas” como impone la televisión que hay que llamar a todos aquellos que no se comportan como público de tenis. El libro habla de gente humilde, de pueblo, de barrio, que encuentra el fútbol como salida de la rutina y que le da la posibilidad de poder ser feliz, de ganar hermanos de la vida, esto entre tanta injusticia social. Lamentablemente, desde la década del 90, ese fuego popular en el fútbol, también lo están erradicando. Quieren pasivos y no expresivos. Mandan a los que menos tienen a mirar televisión y quieren que las canchas sean pobladas solo por los que tienen tarjeta de crédito, auto e Internet en casa propia. Los pobres, ahora le dicen marginales, justamente también los están marginando de la cancha, subrepticiamente, como hicieron antes con el cine, que salía centavos, con el comer afuera o en menor medida, el teatro, que es carísimo para la mayoría. Les van dejando solo el entretenimiento grotesco de la televisión, los acostumbran a eso.

¿Y crees que el gobierno no ayuda a que la gente no lea?

No culpo al gobierno, esa cosa de queja constante sin propuestas no me gusta para nada. Es más, también me cae muy mal el tema de descreer de la política. Parafraseando el genio de Bertold Bretch: no hay nada peor que el analfabeto político y que encima lo pregona, se siente orgulloso. Aplaudo el compromiso y entiendo lo que es llevar a cabo una gestión aunque haya errores. Pero creo que el sistema capitalista, alaba y eleva el “entretenimiento” y pregona contra el “esfuerzo”, logrando con ese discurso, un océano de seres que entretenidos no luchan ni trabajan ni se comprometen ni hacen nada por un mundo mejor. La cultura del zapping, el no sentir al otro como uno mismo, la “urgencia” para ir consumiendo y consumiendo, son pautas de una cultura peligrosa para el ser humano. Peligrosa porque los que dominan, juegan con fuego, envenenan el planeta, muere mucha gente de hambre, y los que nacieron en cunas mejores, los más jóvenes, están entretenidos jugando a la play y el tema de conversación suele ser: las cervezas o el fernet que tomaron, lo que van a tomar el sábado y lo que van a tomar en vacaciones. No les importa la desigualdad, si alguien pasa hambre a dos cuadras de su casa y no están comprometidos con el club de barrio, con un taller y menos con alguna agrupación política.

¿Cómo juega la televisión en todo esto?

La TV podría ser un arma impresionante de educación, utilizarla como escuela, como disparador de información para formar mejores profesionales, fomentar otros valores como el estudio, el cooperativismo, la solidaridad, claro esto le sería extremadamente difícil. Donde llegas a decir, por ejemplo, que pones un impuesto a todos los programas que no sean educativos, se entiende por esto, los que promuevan deportes, temas históricos, cursos, académicos, etc, y con eso te tildarían de “autoritario” como lo más leve. Imaginate impuestos a programas idiotas, y usar esto para mejorar escuelas, facultades. Eso en la teoría sería genial, algo distinto, hoy casi revolucionario pero los multimedios harían lo imposible para que esto no ocurriera.







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